Posteado por: noviajero | 3 junio, 2010

Motivo 59: Los AntiSemanaSanta

Intenso ambiente comercial en la puerta de un templo.

123 Motivos para No Viajar a Sevilla.
LIX. Los Anti Semana Santa.

Más fuera de cacho todavía están los componentes de un reducidísimo colectivo sevillano. Se trata de personas incapaces de enfocar sus entendederas a lo en verdad relevante de la Semana Santa local. Que es el altísimo valor estético y artístico de la cosa.
Por el contrario les oirá o leerá, en publicaciones con muy poca sevillanía, referencias chocarreras sobre aspectos de la Semana Santa del todo secundarios. Y si el Evangelio se empeña en subrayarlos como esenciales es, simplemente, porque en Galilea no había Semana Santa. Ni pregoneros que la explicaran a esos palestinos. Así han acabado…
Así, que no exista ni una sola persona del sexo femenino al frente de los colectivos llamados hermandades es, sin duda, una crítica farisaica (podría decirse que hasta corintia), por completo insignificante frente al colosal hito cultural del paso racheado, o la elección del color del exorno floral, o el estreno de una sinfonía callejera, vulgo marcha.
Esos personajes también se escandalizan porque las mentadas hermandades sigan la doctrina del Papa, la autoridad más enterada de lo que Cristo dijo, dejó de decir, o incluso no dijo (pero sólo por falta de tiempo, así que hubo que interpretarlo). Por ejemplo, el Papado aclaró el asunto de si los homosexuales pueden ser socios de pleno derecho del club. La respuesta es no. Pues nada, no dejan los anti Semana Santa de enarbolar y criticar el asunto de la exclusión gay, como si ser católico fuera obligatorio.
Y mira que, en realidad, la muy tolerante Sevilla transige. Es conocido –también en voz baja- el no menor número de hermanos homosexuales con principalísimo papel en la Semana Santa.
Lo que no se puede admitir, y ahí hay que estar de acuerdo con la vara de medir hispalense (La Escala de Lo Sevillano) es que le des la mano y te cojan el brazo. Una cosa es permitir, contradiciendo al Papa como sólo Sevilla sabe hacerlo, que los homosexuales sean miembros (con perdón) casi de pleno derecho del colectivo católico, y otra que hagan gala de ello (de su tendencia sexual).
Un ejemplo al azar, por completo inventado: imaginen que dos gays, modistos de alto prestigio nacional, hacen la ropa a unas imágenes religiosas. Es correcto. Vestir imágenes siempre ha sido cosa femenina o paredaña a ella, cabecean asintiendo los chamanes de La Escala de Lo Sevillano. Lo inconcebible sería –otra ocurrencia a vuelapluma- que ambos se casaran públicamente. Aunque lo permitiese la legislación de un tan imaginario como enloquecido país.

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